¡FLAMER por un día!

¡Demonios! ¿Qué tal, cómo están? Espero que bien. Aunque no lo creo para aquellos que pensaban ir de corrido esta sacrosanta madrugada y descubrir que hay mantenimiento. Para ellos, GG, report RIOT. Bueno, un poco de catarsis ayudará. A juzgar por el título de este publicación ya se imaginarán cómo terminó aquel día que les contaré a continuación. Llevaba buen tiempo jugando desde que descubrí el LOL allá por el 2016, aunque últimamente la desolación y el tedio hizo que mi interés por el juego vaya decreciendo, peor aún cuando la comunidad parecía estar cada vez más caótica. Eso no ayudaba para quién intentaba salir de bronce jugando solo y vaya que cuesta, demasiado diría yo. El caso es que te topas con Trolls, AFKs y Flamers, de estos últimos son los que más daño traen. Muchos dejan el juego precísamente por ello y si algo hay que rescatar de RIOT es a duras penas, el sistema de reportes, que para muchos fue quizá una panacea al mal que no quería extinguirse, pero una solución viable a fin de cuentas. Vamos, que tuve que ser yo al igual que cierto sector el que más escéptico se volvió con la solución del sistema de reportes ya que no parecía haber mejora importante. Y así pasó el tiempo, la idea de competitividad que los eSports ofrecen es muy seductora, quería jugar, pero no había con quién. Me aventuré a jugar las RANKEDs y así las descubrí, y que luego diría "a cocachos aprendí". Al principio los emparejamientos eran bastante equilibrados en cuanto a Elo, habilidad, destreza, talento o como quieran llamarlo. Para alguien como yo que había jugado cierto tiempo y quería pasar al siguiente nivel y escalar, me parecía justo. El drama vino luego, cuando uno hace cierta autocrítica y cree ir mejorando, pero a medida que avanzaba sentía que el emparejamiento iba de mal en peor y no era una justificación desmedida, sino era una sensación de impotencia saber que eras el jugador que más aportaba, pero que no tenías ni el apoyo, ni la comprensión del resto de tu equipo para lograr al menos una partida decente sin tener que enfrentarte a estas tres categorías de jugadores cuya única misión era volver tóxica la experiencia de jugar al LOL y así me fui desanimando, algunas veces frustrando de a pocos. De ahí ya me fue más fácil entrar a las filas de la apatía y decidí un día increpar e insultar a diestra y siniestra, cosa de la cuál jamás me voy a sentir bien, pues considero que el respeto es lo que debe primar en cualquier labor en donde se tenga que congeniar con personas, sin embargo, me dejé llevar y en ese momento me consideré un emisario de dar a conocer los cánones del buen juego. Y es que es así, generalmente cometemos el mismo error, promovidos por la falta de tolerancia en cuanto a los errores de los demás, nos autoproclamamos unas eminencias y caemos en el vacío. Dando lugar a que personas que nunca tuvieron un comportamiento tóxico, también lo tengan por intentar defenderse de forma muy burda ante el comportamiento que tenemos dadas las consecuencias de una mala partida. ¿Lo que provocan nuestros comentarios, cierto? Vaya que sí, la palabra como arma puede ser letal. Debo decir que dicho comportamiento ameritaba una sanción y llegó. Tal escepticismo respecto al sistema de reportes se desvaneció cuando fui informado de la sanción por 2 semanas que tuve. Justo en un momento en donde quería jugar y salir un poco de la realidad, aunque si buscaba relajarme desconfiaba de este juego, pues muchos terminamos incluso más estresados por la misma razón. Ahora que la sanción se levantó de mi cuenta, no hago sino recordar la experiencia como una anécdota que quizá los pueda ayudar a fortalecer su carácter y a encontrar mecanismos positivos que ayuden a una pronta recuperación de su juego, pues creo que todos en algún momento hemos infringido las normas. "Puedes convertirte en FLAMER por un día, pero la mala experiencia que dejarás en los demás quizá sea para siempre".
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