Igvar, Martillo de Guerra/ Cap XIII

**El Abrazo del Destino.** Igvar se dio cuenta de que el tiempo no era algo constante, firme y férreo, sino flexible como el oro caliente. Las semanas desde que su padre había partido de Reikdorf habían transcurrido con dolorosa lentitud, mientras que las horas que lograba pasar con Dalenna entre sus viajes alrededor de las tierras de los ellisif habían pasado veloces como un rayo. Apenas había vuelto a atravesar a caballo las puertas de Reikdorf y caído en sus brazos cuando parecía que una vez más se estaba poniendo la loriga y el escudo, listo para luchar. Los asaltos contra asentamientos aislados continuaban, pero en ninguno se había repetido. Igvar había enviado carretas cargadas de espadas y lanzas a todas las aldeas umberógenas incluido a las avarosanos, donde la Reyna Ashe había recibido los regalos de Igvar junto con guerreros para adiestrar a los aldeanos. Además de estas armas, las reservas de grano de Reikdorf se habían reducido para alimentar a las mujeres y niños mientras de las demas tribus aliadas y los hombres aprendían a ser guerreros además de granjeros. Eoforth había ideado un sistema rotativo en el que los vecinos de cada granjero se ocupaban de una parte de sus campos mientras él se adiestraba para defender su aldea. Así, cada hombre aprendería a comportarse como un guerrero sin preocuparse de que su tierra no se labrase o las cosechas no se recogiesen. Con las tierras en buenas manos, los pensamientos de Igvar se dirigieron hacia el exterior, a las tierras más allá de las fronteras del reino de su padre. Mientras los meses de verano transcurrían, las tribus de la Garra Invernal se habían puesto en camino en las montañas y les habían llegado noticias del rey Yordel Kurgan Barbahierro de que se estaban librando grandes batallas ante las murallas de muchas de las fortalezas. Igvar hubiera querido enviar guerreros para ayudar a los uhreños asediados, pero no podía prescindir de ningún hombre en sus propias tierras. Recorrió de arriba abajo el suelo de la casa larga del rey, inmensamente cansado mientras esperaba noticias de su padre y del rumbo de la guerra en el norte. Bebió de una jarra de vino, el fuerte alcohol lo ayudaba a aliviar el dolor de cabeza que se le estaba formando detrás de los ojos. Trabajar y administrar el reyno de su padre había sido una carga muy pesada he Igvar empezó a comprender la responsabilidad de dirigir un reyno. —Eso no te ayudará —dijo Dalenna observándolo desde la puerta de la casa larga—. Necesitas descanso, no vino. —Necesito dormir —repuso Igvar—, y el vino me ayuda a dormir. —No, no te ayuda —lo contradijo Dalenna, entrando en la casa larga y quitándole la jarra de la mano—. El sueño del que se emborracha de vino no es un auténtico descanso, acabarás con resaca y te atrapará más sueño. Puede que te quedes dormido, pero no estás descansado por la mañana. —Puede que no —contestó Igvar inclinándose para besarla en la frente—, pero sin él los pensamientos me dan vueltas en la cabeza y me paso sin dormir las largas guardias de la noche. —Entonces ven a mi cama, Igvar, —ofreció Dalenna—. Yo te ayudaré a dormir y por la mañana despertarás siendo un hombre nuevo. —¿De verdad? —preguntó Igvar mientras la tomaba de la mano y la seguía hacia la puerta de la casa larga—. ¿Y cómo harás este milagro? Dalenna sonrió. —Ya lo verás. Sigmar se tendió de espaldas en la cama de Ravenna, una ligera capa de sudor brillaba sobre su cuerpo mientras ella le pasaba un brazo sobre el pecho y doblaba una pierna sobre su muslo. El oscuro cabello de la joven se derramó sobre las pieles de la cama y Sigmar pudo oler perfumados los aceites de rosa con que se había frotado la piel. El fuego casi se había consumido, pero la habitación estaba caliente y agradable y el aroma de dos personas que acaban de ejercitarse de una manera placentera impregnaba el aire. Igvar sonrió mientras sentía que un delicioso sopor lo invadía, una copa de vino y la compañía de Ravenna habían calmado su atribulada mente y habían hecho que las preocupaciones del mundo parecieran algo muy lejano. Dalenna le pasó la mano por el pecho y él le acarició el cabello negro azabache mientras los acontecimientos de los últimos días se desvanecían y, al hacerlo, aliviaban su carga. Anhelaba tener noticias de su padre y los hombres de los ellisif que luchaban en el norte pero, como a Eoforth le gustaba decir, si lo deseos fueran caballos, nadie caminaría. —¿En qué piensas? —susurró Dalenna con voz adormilada. —En los enfrentamientos en la costa —contestó. Se estremeció cuando Dalenna le arrancó un pelo del brazo. La joven dobló los brazos sobre su pecho y apoyó el mentón en los antebrazos mientras lo miraba con una sonrisa traviesa. —¿Por qué has hecho eso? —preguntó Igvar. —Cuando una mujer te pregunta en qué estás pensando, en realidad no quiere oír en qué estás pensando. —¿No? Y entonces ¿qué quiere? —Quiere que le digas que estás pensando en ella y en lo hermosa que es y lo mucho que la quieres. —Ah, entonces ¿por qué no pregunta eso? —No es lo mismo si tienes que preguntarlo —señaló Dalenna. —Pero tú eres hermosa —dijo Igvar—. No hay ninguna más bonita entre las montañas y el océano occidental, y yo te quiero, ya lo sabes. —Dímelo. —Te quiero —repitió Igvar—, con todo mi corazón. —Bien —sonrió —. Ahora me siento mejor, y cuando yo me siento mejor... tú te sientes mejor. —En ese caso, ¿no es egoísta por mi parte decirte simplemente lo que creo que quieres oír? —preguntó Igvar—. ¿No lo estoy diciendo entonces para sentirme mejor yo mismo? —¿Acaso eso importa? —inquirió Dalenna. Su voz se iba apagando mientras parpadeaba rápidamente por el cansancio. —No —contestó Igvar con una sonrisa—, supongo que no. Lo único que quiero es hacerte feliz. —Entonces háblame del futuro. —¿El futuro? No soy vidente, mi amor. —No, quiero decir de lo que esperas del futuro —susurró Dalenna—. Y no de los magníficos sueños de un imperio, simplemente háblame de nosotros. Igvar abrazó a Dalenna y cerró los ojos. —Muy bien —concedió—. Seré el rey de los ellisif y tú serás mi reina, la mujer más querida de todo el territorio de Reikland. —¿Habrá niños en este dorado futuro? —murmuró Dalenna. —Sin duda —dijo Igvar—. Un rey necesita un heredero después de todo. Nuestros hijos serán fuertes y valientes y nuestras hijas, diligentes, sabias y bonitas. —¿Cuántos niños tendremos? —Tantos como quieras —prometió—. Los herederos de Igvar se contarán entre los más apuestos, orgullosos y valientes de todos los ellisif. —¿Y nosotros? —susurró Dalenna—. ¿Qué será de nosotros? —Nuestro futuro será feliz y viviremos muchos años en paz, te lo prometi, esa es la promesa que me hice en la piedra de juramentos—le aseguró Igvar. ------------ Las lágrimas bajaban por el rostro de Gideon mientras prácticamente huía hacia la oscuridad del Brackenwalsch. Sus magníficas botas del cabrito más suave estaban estropeadas, barro negro y agua rebosaban sobre la parte superior y le empapaban los pies. Tenía los pantalones de lana salpicados de agua sucia mientras sus pasos lo hacían adentrarse cada vez más en los inhóspitos y sombríos terrenos pantanosos. Una niebla baja cubría el suelo y el fantasmal resplandor de Morrslieb bañaba los pantanos de una luz esmeralda. Titilantes puntos de luz, como velas lejanas, flotaban en la niebla; pero incluso en su afligido estado Gideon sabía que no debía seguirlas. El Brackenwalsch estaba lleno de los cuerpos de los que se habían dejado seducir por los cánticos espectrales y habían vagado hacia su muerte en las ciénagas que rodeaban Reikdorf. Aferraba la espada con la mano y su rabia crecía mientras imaginaba a Igvar revolcándose con su hermana en su propia casa. Los dos habían regresado cuando Gideon estaba afilando su espada y él apenas había podido sonreír y contenerse para no matar al príncipe ellisif. Igvar le había puesto una mano en el hombro a Gideon y él casi se había estremecido, el odio que se reflejaba en sus ojos casi lo había delatado. Había leído las lascivas intenciones de Igvar y Dalenna en cada de sus palabras y, aunque le habían pedido que comiera con ellos, se había disculpado y había huido hacia la oscuridad antes de que la luz del fuego iluminase sus verdaderos sentimientos. Gideon tropezó en los bajíos de una charca succionadora y cayó de rodillas mientras el barro le tiraba de las botas. Sus manos chapotearon en el líquido maloliente y lágrimas negras cayeron de su rostro mientras miraba fijamente el agua. Su rostro se rizó en la superficie ondulante de la charca, retorciéndose de forma grotesca en el agua cambiante. La respiración se le cortó en la garganta al ver la imagen reflejada de la luna sobre su hombro, la cara brillante y constante del astro se mantenía inexplicablemente firme en el agua. Gideon sacó las manos del agua, las tenía cubiertas con una fina capa de un líquido aceitoso y negro que le goteaba de los dedos. En medio de la oscuridad de la noche parecía sangre, y Gideon se sacudió las manos para limpiárselas, asqueado. —No... por favor... —susurró—. Yo no... Apartó la mirada del agua mientras la luz de la luna brillaba sobre una alta planta que crecía al borde de la charca, los tallos estaban salpicados de muchas flores diminutas y blancas en ramilletes con la parte superior plana. De la planta emanaba un olor empalagoso, y Gerreon la reconoció, acongojado, como la cicuta de agua, una de las plantas más mortíferas que crecían en estas tierras heladas. Una ráfaga de viento agitó la planta y, durante un brevísimo instante, Gideon sintió que lo llamaba. Mientras miraba, el tallo se combó y se partió y un líquido aceitoso chorreó del interior hueco. Gideon dirigió la mirada hacia el oscuro cielo buscando alguna escapatoria del futuro que los dioses anteriores a Ornn, Anivia y Volibear parecían decididos a imponerle a la fuerza. La luna relucía sobre su cabeza, su luz fría era implacable y hostil. La creencia popular sostenía que daba mala suerte quedarse mirando las profundidades de la luna solitaria durante mucho tiempo, que los Dioses Oscuros veían dentro de los corazones de aquellos que lo hacían y plantaban una semilla de maldad en su interior. Mientras contemplaba la luz cambiante, le pareció ver un par de ojos relucientes ocultos astutamente en las ondas y curvas de la superficie del astro, ojos de una belleza y crueldad indescriptibles. —¿Qué eres? —gritó hacia la oscuridad. Los pozos sin fondo de aquellos ojos prometían oscuras maravillas y experiencias incalculables y Gideon comprendió con una claridad repentina y atroz que las hebras de su destino se habían tejido mucho antes de su nacimiento y que continuarían mucho después de que llegara el momento de su muerte. Se puso en pie y caminó por la charca hacia la planta de cicuta caída. —Muy bien —dijo Gideon—, si no puedo escapar a mi destino, entonces lo abrazaré. P.D. Para quienes se sientan perdidos en la obra aquí les dejo las lista de capítulos: **Igvar, El Martillo de Guerra/ Libro I:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/vXZ8E8eP-igvar-el-martillo-de-guerra-libro-i **Igvar, El Martillo de Guerra/ Prólogo:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/u1ZJjLdM-igvar-el-martillo-de-guerra-pralogo **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap II: **https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/NpUPhN95-igvar-martillo-de-guerra-cap-ii **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap III:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/Mm7iaIm5-igvar-martillo-de-guerra-cap-iii **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap IV: **https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/uVKRL3mT-igvar-martillo-de-guerra-cap-iv **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap V:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/HtHWHHwj-igvar-martillo-de-guerra-cap-v **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap VI:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/HF5fRBis-igvar-martillo-de-guerra-cap-vi **Igvar, Martillo de Guerra/ Libro II: **https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/aEt7KqMe-igvar-martillo-de-guerra-libro-ii **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap VII:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/vhLPQhEk-igvar-martillo-de-guerra-cap-vii **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap VIII:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/l34sTcrf-igvar-martillo-de-guerra-cap-viii **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap IX:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/83NJFT3O-igvar-martillo-de-guerra **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap X:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/peP4OaYQ-igvar-martillo-de-guerra-cap-x **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap XI:**https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/sBeWcm2y-igvar-martillo-de-guerra-cap-xi **Igvar, Martillo de Guerra/ Cap XII:** https://boards.lan.leagueoflegends.com/es/c/creaciones-de-la-comunidad/blG3BitY-igvar-martillo-de-guerra-cap-xii
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