Relato del Freljord: LA LEYENDA DEL REY LOBO/ Parte XVII

_"2 MESES DESPUÉS"_ Aquellos dos meses estuvieron llenos de silencio. Eyra se esforzaba mucho para hacer que aquel joven se integrara e interactuara con la gente de la tribu. Sin embargo, aquel joven salvaje se veía reacio a tener alguna interacción social con aquellas personas. Lo único cercano a una conversación que había tenido era con Brinyolf, el tejedor de plegarias. Quien había comprendido al joven lobo como alguien muy diferente a un humano y le había pedido a Eyra que le tuviera paciencia. Los dos meses transcurrieron. Y entonces llego la tercera estación. Aquel día fue como la primera vez que Eyra y el joven lobo se habían conocido., Solo que en esta ocasión irían a una zona mas lejana para cortar arboles, justo en una zona donde no hubieran Elnuks jóvenes, y donde el joven salvaje no se viera atraído o instigado a cazar, o mucho peor, a matar. Como siempre Hellie se quedo en la Yurta de su madre alegando que tenia que ordenar las raíces de valeriana y las hierbas venenosas, pero lo cierto era que no tolerabala presencia del joven salvaje. Aquellas dos primeras semanas que habían precedido a los dos meses a la llegada del joven lobo, Hellie había sido el centro de atención y cuando el joven salvaje llego, La hija de Eyra se había vuelto en la especie de niñera. Tenía que cuidar de su supuesto nuevo hermano, prepararle el baño, darle de comer cuando su madre no se encontraba y enseñarle a vestirse. Eso último no le había agradado para nada, de hecho en su perspectiva había visto al joven salvaje como una especie de demonio indomable, habían días en los que se quejaba y la paciencia de Hellie se alteraba, pero acordé pasaban aquéllos días la niña había empezado a darse cuenta de que aquel joven que tanto denigraba, empezaba a captar sus explicaciones: Cosas como, ordenar la ropa o lavar los enceres los había empezado a entender. Aún así, habían muchas cosas que aquel joven salvaje no era capaz de captar o, mejor dicho, lo captaba, pero no se sentía atraído a ejecutar la acción ordenada por Hellie. Quizá por qué una parte rebelde o tosca se apoderaba de él. Después de todo era un salvaje. Pero aquel día no se quedaría con Hellie, aquel día se dirigiría al bosque. Sea cierto o no, en aquella ocasión la familiaridad atrapó al joven salvaje. El escenario se parecía demasiado al de aquella ocasión. La vez en que Eyra y el joven lobo se había peleado y donde el joven salvaje le había estrangulado a Eyra. --- Hace d..... dos me..meses vinimos aquí. Eyra se dio la vuelta con una sonrisa en el rostro. --- ¿Vaya que curioso? --- Inquirió la curandera con cierto aire de desconcierto.--- Ya había olvidado que era este lugar. Creo que aquí tuvimos un buen encontronazo. El joven lobo lo miro de manera duditativa. Sin embargo, quitándole importancia contesto: ---El aroma sigue impreg....preg...nado. De pronto Eyra empezó a darse cuenta de algo. Aquel menudo muchacho tenía un sentido del olfato muy agudo, era capaz de captar los aromas más diminutos aunque estuvieran lejanos. ¿Como no se había percatado de eso antes? Quizá fuese por que aquellos dos meses que habían transcurrido, había permanecido mas en la yurta que en los exteriores. Aquel joven tenía un don muy inusual, si era capaz de explotarlo podría ser de mucha utilidad en sus cacerías; habían días en las que Eyra necesitaba una mano masculina que pudiera ayudarla y aquel joven podía ser de mucha ayuda. Demasiada, diría ella. --- ¿Quién te enseño los captar aromas? El joven lobo se la quedó mirando por largo rato. ---M... Ma...adre. Eyra frunció el entrecejo. ---U....Un aroma se queda siempre en su sitió. No importa cuánto tiempo pa...pase.--- Fue la única explicación que le dió. Entonces en un acto de curiosidad volvió a preguntar: --- ¿Un lobo gigante? ¿Hasta cuántos aromas puede percibir y a cuántas distancias? De pronto Eyra se arrepintió de la pregunta, el joven la miró con cierto aire de desconfianza. Y como si de un hombre más adulto se tratará dijo: --- Haces muchas preg....guntas.--- Aquello lo dijo en un modo de reproche y Eyra solo sonrió hechandose a reír. --- Pues .... Perdón, aveces soy muy curiosa, supongo que es un hábito que no se me quita. Vamos, sigamos El joven salvaje alzo el ceño derecho miradola con extrañeza y también, casi de manera repentina cambió la expresión de su rostro y se hecho a reír. Aunque su risa era más un gruñido extraño, algo que hizo que Eyra se echara a reír con más ganas; la risa de aquel joven parecía más al rebuzno de un elnuk tísico que aveces eclipsaba de vez en cuando a un gruñido gutural y extraño. --- No me voy a olvidar de esto, ¿encerio?---. Dijo Eyra entre una risas cada vez más apagadas. Entonces las risas fueron eclipsadas por los lejanos aullidos de una manada de lobos. Aunque aquella manada estaba lejos del sector el sonido fue notable y el joven lobo siguiendo un acto instintivo también aulló. Entonces casi de improviso escucho un rugido. Era un rugido que retumbó en su pecho y que fue el eco de una amenaza. Eyra, con evidentes muestras de desconcierto se hizo para atrás. ¿A que criatura debía pertenecer aquel rugido? --- ¿Que fue eso?--- Inquirió la curandera asombrada he impresionada. El joven lobo con una expresión de terror se encogió de manera agresiva y luego miro hacia un sector enmarañado de árboles, un sector casi oscuro. Acto seguido empezó a gruñir. ---¿Que pasa?--- Inquirió Eyra. El joven lobo sabía a que pertenecía aquel rugido indómito y feroz. Su madre se había enfrentado a varios de aquellos aspirantes. Pero aquel aspirante se había transformado en algo más. En un alfa. --- Un alfa. Tenemos que irnos de aquí. Si nos detecta.... E...Estaremos muertos. Eyra miro hacia la dirección donde procedía tal rugido y por un momento dudo. Nunca en toda su vida había escuchado el rugido de un lobo, aquel sonido fue de tal magnitud que la curandera se quedó impresionada, si así era el rugido de aquel alfa, no quería imaginar el tamaño que debía tener aquella criatura. --- Bien, es momentos de irnos. --- Eyra tomo por los hombros a su joven acompañante, instándole a moverse. El joven salvaje asintió, aunque una parte de su ya aguda concentración estaba en el bosque oscuro y negro que se cernía en su delante, de improviso pudo captar que los estaban espiando. Lo que sea que se encontrará en aquella espesura los observaba. Sin embargo, la sacudida de Eyra lo saco de aquel extraño sopor. El joven lobo miro a la curandera y asintió. --- Vamos, no hay que quedarnos aquí. Cortaremos leña en otro lado.--- Dijo la curandera con seriedad. El joven se dio la vuelta y caminaron hacia la posición opuesta al bosque oscuro que se abría en su delante. Y sin embargo, no pudo evitar voltear una ves más para ver por segunda ves aquel bosque oscuro. Entonces lo vio. De aquella espesura negra y abyecta, vio unas fauces gigantes que se asomaban a la luz. El corazón se le paralizó, y por una fracción de segundo supo que aquel enorme lobo gigante los estaba viendo, sus sentidos se desencajaron ante tremenda criatura, el estómago le dio un vuelco. Aquello era más grande que un osuno, y unos ojos gélidos brillaron en aquella oscuridad. Eran unos ojos amarillos, los dientes de aquel lobo eran enormes como jabalinas. Aquella criatura era igual de grande como su madre, el lobo lo vio y él también lo vio. Entonces de manera repentina el enorme lobo retrocedió, pero sus ojos lo miraban con una furia y un odio primigenio. Era como si aquellos ojos lo repudiaran y le dijeran: "Traidor, desertor" Entonces ante una gélida certeza supo que aquel lobo gigante que había visto desde la oscuridad era su hermano, Fenrir. Aquella mirada no la olvidaría, no olvidaría el odio primigenio de su hermano al mirarlo como un traidor. No olvidaría la expresión de odio en su mirada. Ese día se prometió jamás pernoctar por esos bosques. Sabía que si volvía a encontrarse con su hermano, este lo mataría. Con lentitud se volteó y miro de frente, hacia el bosque claro, hacia Eyra, hacia la dirección de la tribu que lo había acogido. Claro, él no lo sabía todavía, pero las circunstancias y algo extrañamente llamado destinó, los reencontrarián en el futuro. El joven lobo lo presentía y mientras su mirada se dirigía hacia el bosque que tenía delante empezó a sentir que su hermano, el feroz y temible Fenrir los observaba. No se atrevió a voltear, ni siquiera a mirar de reojo; siguió su recorrido en silencio mientras el viento y el crujido gutural de los árboles lo acompañaban. Y así, abrasó su destinó con las manos.
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