CONCEPTO DE CAMPEON SHURIMANO: SZAREKH, EL REY SILENTE, PADRE DE LA NIGROMANCIA.

_"Pensamos que podíamos derrotar al orden natural con la nigromancia ancestral, pero el inicio de la eternidad no puede negarse para siempre. El universo nos humillará por nuestra presunción, pero sus métodos de ataque son Ilimitados. Hace mucho que nuestros cuerpos se apartaron del alcance de la mortalidad y malvendimos nuestras almas a cambio de baratijas y el boato del poder. Nuestras mentes son todo lo que nos queda por perder, así que es seguro que el próximo golpe caerá sobre ellas. Aunque nuestras aflicciones individuales podrán adquirir formas diferentes, más pronto o más tarde todos caeremos presa de la locura."_ _—Szarekh, el último de los Reyes Silentes._ ------------------------------ **Orígenes** Un eon antes del nacimiento del nacimiento del Imperio Shurimano y mucho antes de que surgiese la selva de Ixtal, hace aproximadamente unos cuatro mil quinientos de años, Szarekh, el último de los Reyes Sacerdortes Silentes nació en Khemri, la ciudad más grande del desierto de Nehekhara, lugar que después se transformaría en Shurima. Szarekh era el primer primogénito del rey Khetep, y obedeciendo una antigua tradición de entregar al primer hijo a los dioses, fue entregado al Culto Mortuorio y se convirtió en su Sumo Sacerdote. Como todos los Sacerdotes Funerarios, buscó un modo de alcanzar la inmortalidad, y a pesar de ocupar un puesto tan influyente ansiaba aún más poder. Aunque Szarekh ya estaba versado en las artes mágicas de Nehekhara, se dice que un grupo de cautivos Vastayas celestiales que habian sido corrompidos por los vigilantes fueron esenciales en su búsqueda de la inmortalidad, pues una de ellos era una Hechicera y le reveló todo lo que sabía sobre magia al Sumo Sacerdote de Khemri. Szarekh se enteró así de la existencia del Portal del Mundo de la No Muerte y de los Vientos de la Magia que soplaban desde él, y de cómo se podían someter a la voluntad de un mago cuidadoso. A diferencia de los encantamientos de Khemri, que requerían de la intercesión de los dioses astrales como el sol y la luna, Szarekh descubrió que los mortales podían manipular la magia por sí mismos, y empezó a utilizar la Magia Oscura. Cuando la Hechicera Vastaya hubo dejado de ser útil, Szarekh ejecutó a sus compañeros, cegó a la Vastaya, le arrancó la lengua y las manos y la enterró viva en la pirámide de su padre. Con los conocimientos adquiridos, Szarekh se había convertido en uno de los pocos humanos que dominaban realmente la Magia Oscura en su escensia mas pura. Vagó por la Necrópolis de Khemri, invocando a los espíritus de los muertos y Demonios, y aprendió grandes secretos. ------------------------ **Rey de Khemri** _"¿Mordekaiser? ¿Swain? ¿Leblanc? ¿El Emperador Azir? ¿Xherath? ¿Los ascendidos? ¿Los Darkin?........ JAJAJA solo son unos niños. Esos imbéciles no tienen ni idea de lo que es verdadero poder. Juegan con poderes que apenas entienden y comprenden. Ademas...... No habrá escapatoria, ni el bendito olvido para esos mocosos. Puedo acabar con sus vidas tan fácilmente como puedo apagar una vela, y antes de que tu cuerpo se enfríe, puedo alargar mi mano y atrapar sus almas. Esos nuevos reinos de la actualidad solo serán mis marionetas, y me reiré de la intensidad del dolor. Tal es mi poder."_ _—El despertar del Rey Silente en la actualidad._ Tras la muerte de su padre Khetep, el hermano menor de Szarekh, Thutep, subió al trono de Khemri, pero Szarekh estaba ahora decidido a intentar hacerse con el poder absoluto. Una noche, mientras las nubes cubrían el cielo, Szarekh mató a su propio hermano, enterrándole con su padre. A la mañana siguiente, Szarekh reclamó para sí el trono de Khemri, y como no habían más aspirantes que se le opusieran, nadie se lo impidió. Szarekh usó su nuevo conocimiento como la base de una nueva rama de la magia a la que llamó Nigromancia. Esta magia extendió enormemente su esperanza de vida y le permitió reanimar los cuerpos de los muertos. Szarekh gobernó Khemri mediante el miedo, y obligó a incontables esclavos a trabajar durante cincuenta años en la construcción de la mayor pirámide de Nehekhara, empleando solo piedra negra: la Pirámide Negra de Nagashizar. Szarekh puso por escrito todo su saber y sus hallazgos en varios tomos hechos de piel humana y redactados con sangre, que se conocerían como los Nueve Libros Nehekkharos, libros dosnde se daba a descubrir que el Ochnum no era el único lenguaje para dominar a los muertos. Muchos otros hombres de Khemri acudieron en pos de su promesa de inmortalidad y poder, entre ellos Arkhan, principal lugarteniente de Szarekh, y un tercio de los sacerdotes. Sin embargo, los otros reyes sacerdotes de Nehekhara estaban horrorizados por el reinado de terror instaurado por Szarekh. Enfurecidos por la corrupción que le rodeaba, y temiendo la ira de los dioses estelares, los reyes de otras siete ciudades se aliaron para derrocar a Szarekh, y reunieron un gran ejército. En respuesta, Szarekh usó su Nigromancia Primordial para alzar un ejército de No Muertos para destrozar a sus enemigos. Algo así no se había visto jamás, y para la cultura obsesionada con la muerte de Nehekhara era la mayor de las obscenidades. Centenares huyeron, aterrorizados por la idea de luchar contra los difuntos, pero no todo estaba perdido: los reyes consiguieron reagruparse y Szarekh fue finalmente derrotado, aunque no murió. Mientras Arkhan, el mayor espadachín de su tiempo, daba su vida para proteger a su amo, Szarekh huyó al noreste para planear su venganza contra su tierra natal en el Pozo Maldito de Nagashizzar. Los reyes de Nehekhara decidieron destruir todas las obras del condenado reinado de Szarekh: la cábala de retorcidos seguidores que había atraído a sus desagradables prácticas fue pasada a cuchillo, y grandes hogueras consumieron buena parte de lo que Szarekh había hecho y escrito. Se creyó que sus preciados Nueve Libros estaban entre las cenizas, pero unas poquísimas copias se salvaron de la quema. Esto acabaría por acosar a Khemri y Nehekhara en el futuro, del mismo modo que la sombra de la Pirámide Negra siguió cerniéndose sobre la tierra. -------------------------------- **Nagashizzar y el nuevo reino de Szarekh** _"Yo soy el padre de los nigromantes, Mordekaiser. Yo nade en los vientos de la magia. Conocí los secretos de la no muerte antes de que tu alzaras tu imperio y conocieras el lenguaje de este mi mundo. Conocí a los Cuatro Rostros de la niebla negra, y observe sus débiles y burdos poderes. Yo soy un dios, y tu Rey Brujo; solo eres un mero aspirante. Pero al final, ambos somos leyendas."_ _—Szarekh, primer encuentro con el Rey Brujo, Mordekaiser._ Szarekh vagó por el desierto que mas tarde seria conocido como Shurima. La sed quemaba su garganta. El hambre roía sus entrañas. Terribles visiones bailaban ante sus ojos. Debería haber muerto entre las ardientes arenas, pero su formidable fuerza de voluntad y su vitalidad antinatural le permitieron seguir adelante. _"Según la traducción que Kadon, gran hierofante y escribano del ascendido Nasus: Szarekh aseguraba que había muerto y vagado sin rumbo durante cierto tiempo después de morir, hasta que encontró una forma de volver al mundo de los vivos. Muchos eruditos del Imperio Shurimano afirman que esto no fue más que una alucinación irreal causada por las privaciones y la sed, pero otros no están tan seguros."_ Finalmente, el Gran Nigromante dejó el desierto y llegó a las colinas de las Montañas del Fin del Mundo. Alguna oscura fuerza le había empujado hacia el Pico Tullido y hacia un nuevo paso en su carrera de incalificable maldad. El territorio en el que se encuentra el Pico Tullido es una tierra de la que nadie ha regresado sin contar historias de gran horror. Es una montaña gigantesca y partida en las costas del Mar Sulfuroso. Antiguamente, un gran trozo de piedra bruja cayó del cielo y golpeó el pico, partiéndolo y haciéndolo hundirse en el corazón de la montaña. Con el paso del tiempo, el viento, la lluvia y la erosión llevaron el polvo de piedra bruja hasta el Mar Sulfuroso, envenenando el agua y causando horrendas mutaciones a los peces y serpientes que no murieron. El mar estaba rodeado de vegetación retorcida y atrofiada; árboles enfermos y zarzas venenosas competían por los escasos nutrientes del suelo. De noche, las aguas brillaban con un extraño color verde, y una espuma viscosa y tóxica cubría su superficie. Las tribus que habitaban en sus costas y bebían de aquella agua enferma mostraban los horribles signos de la degeneración y las mutaciones consecuencia de la exposición de muchas generaciones a la podredumbre. Cuando Szarekh vio el lugar por primera vez, consideró que era el lugar idóneo: había hallado el lugar que buscaba. Al probar por primera vez el agua del Mar Sulfuroso, visiones incandescentes ardieron en su cerebro y la energía oscura recorrió sus venas. Allí tenía todo lo que necesitaba. Durante años Szarekh vivió como un ermitaño en una cueva en la ladera del Pico Tullido, meditando sobre la naturaleza de la magia y recopilando sabiduría del oscuro pozo de su corrupta alma. _"Mas adelante en el futuro este pozo seria el causante de la caída de otra civilización que eventualmente seria conocido como el evento de la Ruina, sin embargo en aquel tiempo solo era un pozo malzano de magia vil y corrupta." _ Szarekh exploró el enorme sistema de cuevas del Pico hasta encontrar el oscuro lago bajo el que se encontraba la mayor parte de la piedra bruja. Mezcló la sustancia y hojas de Loto Negro, y utilizó la mezcla para incrementar su energía y agudizar su mente para seguir con sus reflexiones. Los años pasaron inexorablemente, y su constante exposición a la piedra bruja y al pozo provocaron terribles cambios en el Gran Nigromante. Su piel se arrugó y agrietó, desprendiéndose de sus huesos. En algunas partes era translúcido, dejando las venas y los músculos expuestos. Sus ojos se fundieron y formaron pozos de pus luminosos en las cuencas. Sus uñas crecieron hasta convertirse en garras, sus dedos se curvaron formando zarpas. Su corazón dejó de latir y su sangre no circuló más. Su cuerpo seguía andando gracias a su oscura fuerza de voluntad y su maligna hechicería. Como había deseado desde hacía tanto, había escapado de la muerte, o eso creía. Durante este periodo, Szarekh alcanzó sus mayores logros en el campo de la nigromancia, dscubriendo que el Ochnum era innecesario y que habia otras lenguas con las cuales se podia usar y dominar la no muerte. A lo largo de los años perfeccionó los hechizos que más tarde utilizarían todos los nigromantes, incluido Mordekaiser, aunque este ultimo lo descubriera por si mismo. De noche Szarekh descendía hasta los cementerios de las tribus primitivas que vivían alrededor de Pico Tullido. Los que le veían huían, y los chamanes que osaron enfrentarse a él murieron con una palabra. Abrió las tumbas de piedra una a una, y uno a uno reanimó los cuerpos que encontró en su interior. Al principio apenas tuvo éxito. Los restos andaban sólo unos pasos antes de caer convertidos en polvo por la energía que los movía, pero el control de Szarekh fue aumentando como lo hizo el tiempo de animación, hasta que logró esclavizarles para siempre. Puesto que ya estaban muertos y descompuestos, la piedra bruja afectaba poco a estos zombis y esqueletos animados. Szarekh les hizo excavar las cuevas de Pico Tullido y construir una torre de piedra. Este fue el origen de Nagashizzar, el Pozo Maldito, la fuente de la no muerte, la fortaleza más grande y maligna del mundo. Puesto que deseaba tener más lacayos No Muertos, Szarekh dedicó sus legiones a capturar y esclavizar a las tribus locales. Durante la luna nueva, estos desafortunados fueron arrastrados mientras pateaban y gritaban hasta el altar de Szarekh, donde éste les arrancaba el corazón. A continuación, sus cuerpos sin alma eran reanimados para servir eternamente a su siniestro señor. Incapaces de resistir ante un ejército No Muerto, los hombres de las tribus empezaron a adorar al Gran Nigromante como a un dios, y enviaron pasivamente a las mejores doncellas y a los jóvenes más apuestos a la torre de Szarekh como ofrendas. Esto halagó su vanidad y perdonó a las tribus, enseñándoles muchas cosas y levantando una nación maligna que obedecía sus órdenes. Para satisfacer su maligno humor, Szarekh enseñó a los habitantes de la tribu el ritual del Festín Macabro que al final conduciría al pueblo a un terrible destino. En unos pocos años, Szarekh había construido un imperio del mal alrededor de las costas del Mar Sulfuroso. Legiones de vivos con armadura negra luchaban junto a los tambaleantes cadáveres animados de sus compañeros muertos. Las pequeñas aldeas crecieron hasta convertirse en grandes pueblos. Las minas que había bajo la torre de Szarekh fueron ampliadas hasta formar una gran red de túneles que penetraban hacia el interior de la montaña. Las fortificaciones alrededor de la torre crecieron como un cáncer en un cuerpo enfermo hasta cubrir varios kilómetros a la redonda. Así nació la ciudad-fortaleza de Nagashizzar, una torre inexpugnable, un laboratorio y una biblioteca de las oscuras artes, capital de la nación humana más vil que nunca ha existido en el mundo conocido. En el centro, como una araña en medio de una telaraña, Szarekh situó su trono, levantado con calaveras humanas. Desde él proclamaba edictos que podían destruir reinos y causar la muerte de naciones enteras. Avanzó hasta la Llanura de los Huesos y controló a un poderoso Dragón No Muerto con su voluntad. A partir de entonces, este monstruo sería su montura. Además, forjó muchos de sus infames artefactos de poder en esta época: su odiosa Espada Mortis, su Corona de la Hechicería y su báculo Alakanash. ------------------------ **Szarekh y los Skavens o Hombres Rata** _"Las conspiraciones son buenas para la mente. Te ayudan a fortalecer la astucia, pero tu Dama Palida. Tu..... Tu solo eres una niña. Nunca en tu vida has conspirado de verdad. Nunca has engañado de verdad."_ _—Szarekh, primer encuentro con Leblanc._ Incluso recluido en su inexpugnable fortaleza e ignorado por la mayor parte del mundo, Szarekh seguía hallando enemigos. Atraídos por la piedra bruja de Pico Tullido como polillas a una llama, los vastaya Skavens empezaron a infiltrarse sutilmente en la montaña. Los líderes de los hombres-rata, los misteriosos Videntes Grises, la utilizaban en sus siniestros rituales, y ahora intentaban conseguir la piedra bruja que allí se encontraba. Invadieron los niveles inferiores de las minas de Pico Tullido e intentaron tomar la fortaleza como lo habían hecho recientemente con las ciudades de los barbaros en el Norte Freljordiano. Pero Nagashizzar era mucho más difícil de conquistar. Aquí tenían que enfrentarse con incontables legiones de cadáveres animados y humanos fanáticos que temían más a su oscuro dios que a la muerte, ya que sabían que en cualquier caso, su amo les volvería a llamar de la muerte para recompensarles o castigarles. Durante décadas se sucedieron las violentas escaramuzas en las profundidades de la fortaleza. Los ejércitos Skavens avanzaron por el reino de Szarekh y asediaron Nagashizzar con sus terribles armas. Los ejércitos del Gran Nigromante y su maligna magia les estaban esperando. Al final la batalla resultó en una sangrienta guerra de desgaste sin vencedor a la vista. Szarekh tenía otros planes y los Skavens lo distraían, así que cerró un infame pacto con los vastaya, el Consejo de los Trece. A cambio de su ayuda, él les proporcionaría piedra bruja extraída de Pico Tullido. No era lo que el Consejo deseaba, pero era preferible a continuar una guerra incierta, donde era posible no conseguir nada. Los Skavens aceptaron el trato. Pero la constante exposición a la piedra bruja afectaba a Szarekh. Sabiendo aquello, construyó una gran armadura con una aleación de plomo y hierro procedente de un meteorito para protegerse de sus nocivos efectos, conocida como la Armadura Negra de Szarekh. Sus seguidores no eran tan afortunados. El polvo de piedra bruja liberado por su explotación minera lo cubría todo. Penetró en el suelo y por las raíces pasó a las plantas enfermas, pasando así al cuerpo de los animales enfermos que las comían. Este polvo fue acumulándose en el cuerpo de los humanos que comían estas plantas, o los animales que previamente las habían ingerido, mutando lentamente. Perdieron el pelo y los dientes, adelgazaron y acabaron enfermando y muriendo. Los más afectados de todos fueron los que celebraron el Festín Macabro y se alimentaron de la carne de los suyos. Estos absorbieron la mayor parte de la sustancia del Caos y degeneraron lentamente hasta convertirse en perversiones nocturnas, en Necrófagos, los elegidos de Szarekh, adorados y temidos a la vez por sus semejantes. El aire y la tierra estaban saturados con polvo de piedra bruja. Todo el mundo empezó a enfermar y morir, dejando sólo un desierto recorrido por Necrófagos que las generaciones futuras denominaron la Desolación de Szarekh. Al Gran Nigromante no le importaba. Vivos o muertos, los habitantes de esa tierra le servirían a él, de una forma o de otra. La propagación del polvo y la llegada de los No Muertos precipitaron una migración de vastayas y yordels, que se alejaron de ese territorio. ------------------------------------ **La Venganza de Szarekh** _"Podrán destruir mi cuerpo, pero mi alma y mi espíritu retornaran y no importa el imperio o reyno que se alze. Yo me impondré. Allí donde otros perezcan...... Yo, sobreviviré."_ _—De Szarekh, el rey silente._ Durante los cientos de años que pasaron entretanto, los reyes siguieron gobernando Nehekhara como habían hecho hasta entonces, pero en la ciudad de Lahmia la reina Neferata se encontró con una copia de uno de los Nueve Libros de Szarekh y quedó cautivada por el oscuro saber contenido en él, comenzando a estudiar la Nigromancia. Empujada por su búsqueda de la inmortalidad, selló un oscuro pacto y creó el Elixir de la Vida. Desde el momento en que el brebaje alcanzó sus labios, su destino quedó sellado: su corazón dejó de latir, y se convirtió en algo a la vez mayor y menor que un ser humano. Se transformó en la primera inmortal. Entonces reunió a las once mayores mentes y campeones de Lahmia y compartió con ellos su Elixir. Ellos serían los Ematomantes Maestros, de los que descienden todos los demás ematomantes del mundo. Temeroso de la ira de los dioses, el afamado rey Alcadizaar de la VI Dinastía de Khemri reunió a todos los ejércitos de Nehekhara y emprendió la guerra contra la retorcida reina. A pesar de los poderosos hechizos y los ejércitos de No Muertos lanzados por los inmortales, la amenaza de Lahmia fue aplastada por Alcadizaar, y Neferata huyó de la ciudad con seis de los Inmortales Maestros. Los fugitivos se encontraron con Szarekh en las montañas del norte, y él los acogió como hijos de su propia magia corrupta, convirtiéndolos en sus capitanes. Szarekh ya había concebido su plan de ataque. Era un plan enloquecido y mortífero. Juró que convertiría a todo el mundo en el Reino de los Muertos, en el que nada sucedería ni nada podría hacerse si él no lo permitía. Gobernaría un cementerio tan grande como el mundo, habitado por los muertos sin descanso. El primer paso era eliminar a su antigua patria natal. Siguiendo sus órdenes, los inmortales avanzaron al frente de sus legiones hacia la guerra. Sobre extrañas naves construidas con huesos, la horda No Muerta navegó por el Mar Sulfuroso, atravesando los Estrechos de Szarekh hasta el Mar Agrio, denominado así por el veneno que las aguas del Mar Sulfuroso habían arrastrado hasta él. Las legiones No Muertas desembarcaron en el abandonado puerto de Lahmia y marcharon hacia el enemigo. Szarekh subestimó a sus antiguos compatriotas. Durante su ausencia, la Tierra del Gran Río había pasado de ser un cúmulo de ciudades estado a convertirse en un poderoso imperio dirigido por Alcadizaar, el Conquistador. Alcadizaar era el mejor general de su época y su imperio estaba en la cúspide de su poder. Cuando llegaron los No Muertos, se enfrentaron a la oposición de un Estado unificado con un único ejército. Además, los hechiceros del Gran Reino habían progresado en el arte de la magia, especialmente en la construcción de armas mortíferas. Contra ellos ninguna victoria podía ser fácil. Los inmortales eran hechiceros poderosos y peligrosos enemigos en el campo de batalla. Por donde avanzaban, el terror y el miedo atenazaban al enemigo, aunque no fueran invencibles. El frente de la guerra avanzó y retrocedió. Al principio, las legiones No Muertas avanzaron rápidamente. Después fueron los ejércitos de Alcadizaar los que ganaron terreno; sus carruajes atravesaban las filas de muertos como las guadañas siegan el trigo. Al final venció Alcadizaar, con su gran armadura dorada brillando por la energía mágica contenida y su cimitarra mágica, más rápida que la lengua de una serpiente del desierto. Libró batalla tras batalla hasta destruir la última de las legiones de Szarekh, momento en el que los Inmortal Maestros decidieron huir, a excepción de W'soran, que permaneció junto a Szarekh ansioso por aprender más sobre nigromancia. En su furia, Szarekh maldijo a todos los inmortales, excepto a W'soran. La furia de Szarekh se prolongó durante toda una década, en la que siguió maquinando nuevos planes. Odió con fuerza al hombre que le había desbaratado sus planes, e ideó un plan de venganza tan cruel que los propios dioses estelares temblaron y dejaron de observar el mundo. Actuó con cautela. Sus agentes llevaron trozos de piedra bruja encantados con hechizos de muerte hasta las fuentes del Gran Río Vitae, corrompiendo los manantiales con su maldad, hasta que el agua se coaguló y fluyó lentamente, teñida de color rojo sangre, convirtiéndose en el Gran Río Mortis. El pueblo del Gran Reino tembló ante lo sucedido al río que constituía su vida. Uno a uno, todos los habitantes enfermaron y murieron. Después encargó a los Skavens atraer tribus salvajes desde las Montañas del Fin del Mundo hasta Nagashizzar. Estos no sabían para qué propósito quería Szarekh a los salvajes del este, pero cobraron numerosos sacos de piedra bruja pura por su servicio. Alcadizaar estaba sentado en su sala del trono mientras veía como su reino era destruido por un enemigo al que no podía derrotar. La peste iba propagándose por el país. La gente moría con grandes pústulas por toda la piel. Los médicos enfermaban al intentar curar a sus pacientes. Los hombres huían de sus familias, muriendo mientras corrían. Durante algunos meses la muerte recorrió el país hasta que los muertos fueron más numerosos que los vivos, y los cadáveres permanecían pudriéndose por las calles. El ganado recorría los campos sin nadie que lo vigilase, hasta que también moría. Todas las cosas vivas en el Gran Reino enfermaron. Alcadizaar vio morir a sus amigos uno a uno, después a sus hijos, después a su mujer. Alcadizaar era una excepción, como si algún poder maligno lo quisiera vivo. Finalmente quedó solo en su palacio, sentado en su trono dorado, llorando mientras a lo lejos podía oírse a un infatigable ejército avanzando. Este ejército apareció cuando todo el mundo había muerto: un gran ejército de muertos, liderados por W'soran y Arkhan el Negro, resucitado por Szarekh como un poderoso liche. Los pocos supervivientes del ejército de Alcadizaar estaban tan enfermos y demacrados que no podían impedir su avance ni un segundo. Los No Muertos, inmunes a la enfermedad, avanzaban de extremo a extremo del país, y no descansaron hasta haber matado a todo hombre, mujer y niño, e incluso a bestias, pájaros y perros. Todos excepto uno. Capturaron a Alcadizaar en su sala del trono y lo arrastraron cargado de cadenas hasta el Pozo Maldito. Lo arrojaron a los pies del trono de Szarekh, y tuvo que enfrentarse a la horrorosa forma del Gran Nigromante en persona. Szarekh explicó a Alcadizaar lo que sucedería a continuación; todos los increíbles detalles de su demencial plan. Szarekh le contó que pensaba reanimar a todos los muertos del Gran Reino, y utilizarlos como soldados en su plan para conquistar runnaterra. Horrorizado, Alcadizaar fue arrojado a una de las mazmorras de Szarekh a la espera de los deseos del siniestro hechicero. Las explicaciones de Szarekh al rey no eran amenazas vacías. Estaba decidido a seguir con su plan, y podía hacerlo. Durante un ritual que duró días, consumió cantidades ingentes de piedra bruja, hasta que su cuerpo ardió con la energía de la piedra, y su sangre quedó saturada. La poca piel que le quedaba ardió, y se convirtió en poco más que un esqueleto viviente con una negra armadura. Los salvajes fueron conducidos drogados desde las mazmorras hasta el negro altar donde uno a uno fueron sacrificados, y sus almas devoradas por el Gran Nigromante para aumentar su poder. Durante una noche y un día enteros, mientras Morrslieb brillaba en el cielo, Szarekh cantó las sílabas de su último y más poderoso hechizo. En las mazmorras, los pocos orcos supervivientes temblaban y aullaban. Por todo el continente los seres vivos tuvieron pesadillas. En las profundidades del Mar Sulfuroso brillaron luces extrañas. Desde lo alto de su torre, Szarekh lanzó al aire puñados del brillante polvo negro. Los fríos vientos lo alejaron de Nagashizzar, cayendo como si fuera lluvia sobre las ciudades y necrópolis del Gran Reino. Por unos instantes todo permaneció calmado. Poco después, los muertos empezaron a moverse por todo el país. Una fría luz verde penetró en miles de ojos podridos. Los cadáveres de los apestados fueron levantándose uno a uno y caminaron. Los muertos se sacudieron el polvo de eones y salieron de sus tumbas. Los guerreros No Muertos emergieron de sus guaridas, reuniéndose todos los seres inmundos. Los innumerables muertos formaron en disciplinadas filas. Las amortajadas momias de los reyes muertos hacía mucho emergieron de sus pirámides para ponerse al mando de los restos de sus antiguos súbditos. Reanimado por la poderosa voluntad de Szarekh, el ejército más grande que jamás ha visto el mundo empezó a converger sobre lo que seria el desierto de Shurima. Exhausto por la gran cantidad de energía que había necesitado para lanzar el hechizo, Szarekh entró en un profundo trance sobre su trono. Mientras el ejército de No Muertos avanzaba hacia allí, un silencio sepulcral dominó Nagashizzar. Era como si la muerte hubiera llegado realmente a la capital del Gran Nigromante. La descarga de energía fue tan grande que no pasó desapercibido en otras partes del mundo. El Consejo de los Trece entendió finalmente las intenciones de Szarekh y sus miembros quedaron aterrorizados. Con los incontables guerreros muertos del Gran Reino bajo sus órdenes, Szarekh sería invencible. Ya no necesitaría nunca más la ayuda de los Skavens. Seguramente les haría pagar caros sus anteriores ataques contra su reino. Descubriendo que, de momento, el Gran Nigromante también descansaba, decidieron aprovechar la que podría ser su única oportunidad de detenerle. Pese a que la misión era crucial, no encontraron a ningún Skaven en el que pudieran confiar para dar muerte al Gran Nigromante. Muchos miembros del Consejo dudaban de la eficacia de sus armas para matar a Szarekh. Otros simplemente temían que despertara cuando entraran en su sala del trono. Todos conocían su temible poder, y nadie quería enfrentarse a él si despertaba. Finalmente concibieron otro plan. El Consejo reunió rápidamente sus poderes y crearon la Espada Cruel, hecha de piedra bruja pura y cubierta de runas de un poder tan grande que al final sería tan mortífera para quien la empuñara como para Szarekh. Esto no preocupaba al Consejo de los Trece ya que ninguno de ellos pensaba utilizar el arma. Enviaron a sus lacayos más audaces a las mazmorras de Szarekh, con el arma dentro de una caja de plomo. Siguiendo caminos secretos, los Skavens llegaron al corazón de la fortaleza del Nigromante. Ningún centinela dio la alarma, y los hombres rata llegaron a la celda donde estaba Alcadizaar cargado de cadenas. Sin explicación alguna, liberaron a Alcadizaar y le mostraron la espada. A causa de la magia del arma, cuando el rey la cogió, sintió el camino que debía seguir para llegar a la sala del trono del Nigromante. Ignorando a los hombres rata que huían, Alcadizaar atravesó los fétidos corredores de la mortalmente silenciosa torre. Finalmente llegó a la sala del trono del Gran Nigromante. Avanzó silenciosamente por el suelo de mármol negro hasta llegar frente a la enorme y silenciosa figura de Szarekh. El fuego de los ojos del Nigromante No Muerto estaba apagado. No se movía. Las runas de su corona no tenían ningún brillo interior. Por unos instantes Alcadizaar se preguntó si eso no sería algún perverso truco, alguna forma nueva de tortura, pero en el fondo no le importaba. Levantó su espada y golpeó describiendo un arco. En el último momento, avisado por un sexto sentido, Szarekh levantó su brazo para evitar el golpe mortal. La espada Skaven atravesó su muñeca y su garra cayó al suelo. La hechicería que empapaba el cuerpo del Nigromante No Muerto era tan maligna que la mano mantuvo una cierta animación y huyó por el corredor como una gigantesca y horrible araña. Szarekh todavía estaba exhausto por el Gran Ritual, pero su poder era enorme. Lanzó terribles hechizos a Alcadizaar que casi arrancaron la piel de su cuerpo. El Consejo de los Trece utilizaba todo su poder desde muy lejos para proteger a su instrumento humano. Utilizaron desesperadamente todas sus fuerzas para desviar los rayos de Szarekh. Los labios descarnados del Nigromante emitieron un silbido de frustración. Alcadizaar volvió a atacar, atravesando las costillas de Szarekh, y le partió el espinazo. Szarekh le arañó con la garra que le quedaba, y agarró a Alcadizaar por el cuello, estrangulándole. Donde las garras del Nigromante No Muerto profundizaron más, el cuello del hombre acabó manchado de sangre. Szarekh le levantó con una mano hasta que los pies de Alcadizaar no tocaban el suelo. No podía respirar, la oscuridad se cernía sobre él, y Alcadizaar intentó frenéticamente liberarse, cortando el brazo del Nigromante a la altura del codo. Cayó al suelo y atacó desesperadamente a Nagash. Las runas Skaven de la espada afectaron finalmente a Szarekh, que empezó a perder su vitalidad sobrenatural. Su cuerpo, que había desafiado el paso del tiempo, empezó a convertirse en polvo. Al sentir cercana la victoria, Alcadizaar siguió atacando, partiendo al Nigromante en miles de pedazos. Finalmente, cuando ya no se movía, Alcadizaar cogió la Corona de la Hechicería de la cabeza de Szarekh y salió tambaleándose de la fortaleza. Éste era el momento que los Skavens estaban esperando. Sus tropas atacaron rápidamente y llevaron los restos despedazados del cuerpo de Szarekh a sus forjas. Cada trozo del Gran Nigromante fue quemado en los fuegos de piedra bruja que había utilizado para crear sus artefactos. El único pedazo de Szarekh que nunca pudieron encontrar fue su garra, por lo que una parte de Szarekh seguía viva. Con la muerte del Gran Nigromante, muchos de los cadáveres animados por él cayeron, convertidos en polvo. Sin embargo, las energías liberadas por Szarekh en la gran invocación eran tan grandes que no pudieron disiparse totalmente. Muchos de los antiguos habitantes de Nehekhara siguieron atrapados en su espectral no-vida, y algunos de ellos regresaron lentamente al lugar que mejor conocían, sus propias necrópolis, donde retomaron una siniestra no-vida que era el reflejo de sus días como seres vivos. Así nació el Reino de los Muertos. Algunos siguieron vagando por el mundo, propagando el terror y la desolación por donde pasaban. Sin embargo, por el momento, la amenaza del Gran Nigromante había terminado. Y así la gran necropolis se hundió en las arenas del desierto que mas tarde seria conocido como Shurima. El dominio del nuevo Imperio Shurimano llegaría terminando con la era de la Apostasia y el reinado de Szarekh. ------------------------------------------- **La aparente derrota de Szarekh** Después de la destrucción de Szarekh, Alcadizaar vagó por Nagashizzar medio enloquecido por el horror que había presenciado y por su exposición a la perniciosa influencia de la Espada Cruel del Consejo de los Trece. Aunque la fortaleza estaba llena a rebosar de Skavens, sólo los más locos intentaron impedirle el paso cuando vieron el arma. Los pocos que intentaron impedirle el paso murieron casi instantáneamente. Alcadizaar abandonó la ciudadela del Gran Nigromante antes de que esta se hundiera en el desierto. Había destruido al enemigo más peligroso al que ningún hombre se hubiera enfrentado nunca, pero el precio fue muy elevado. Las energías letales del arma lo estaban matando lentamente. Su mano estaba quemada por donde empuñaba el arma, que finalmente lanzó a una grieta en el exterior del Pozo Maldito (que después sería llevada a las islas bendecidas). Enloquecido y agonizante, caminó hacia el Norte helado, hacia las Montañas del Hogar del gran Ornn, desplomándose en las aguas del río helado, y ahogándose en él. Su cuerpo congelado fue arrastrado hacia las Tierras Yermas, agarrado todavía a la corona en un feroz abrazo de muerte. Nadie sabe a ciencia cierta como la corona del rey nigromante había regresado a las manos de Alcadizzar, pero las historias son muchas y variadas. En esa época, las Tierras Yermas eran un país dividido, con guerras continuas entre tribus de nómadas y clanes de brutales. El cuerpo congelado y medio devorado de Alcadizaar fue encontrado al fundirse la nieve en primavera, junto a la orilla del río Ciego. Lo encontró Kadon, el hierofante y escribano de Nasus. Kadon vio que Alcadizaar era un poderoso rey y ordenó que construyeran un túmulo para su cadáver. Sintió una extraña atracción hacia la corona que llevaba y se quedó con ella, para su eterna condenación. La corona conservaba parte del espíritu del Gran Nigromante, y enseñó a Kadon algunos de los secretos de Szarekh. Los sueños de Kadon estaban llenos de promesas susurradas, y su mente empezó a soñar con un imperio. Su noble alma pronto quedó corrompida por el mal latente en la Corona de la Hechicería. Explicó a los miembros de la biblioteca que tenía visiones que le ordenaban construir una ciudad junto al túmulo de Alcadizaar. Que debía destruir Shurima y matar a su emperador o emperatriz. Nasus quien después se entero de lo acontecido intento destruir la corona, pero no lo logro, entonces creo un relicario para el artefacto. Donde fue ocultado en lo mas profundo del desierto. Pues dicho artefacto era demasiado corrosivo y tentador para el joven emperador Azir y temía que su amado señor cayera en tentación. ------------------------ **En la Actualidad** han pasado años desde la caída de Shurima y muchos han olvidado el nombre de Szarekh, incluso otros lo ven como un cuento infantil. Por el Este circularon extraños rumores sobre el renacimiento de un viejo mal. El Consejo de los Trece creía que había destruido a Szarekh. Estaban equivocados: un ser tan poderoso, y padre de las artes nigromanticas, no podía ser eliminado tan fácilmente. Su forma corpórea había sido destruida, pero su espíritu y alma seguían vivos. Esperó más allá de la muerte, todavía ligado al mundo por la presencia de su garra, su corona y su tumba. Szarekh había planeado hacía mucho tiempo la posibilidad de su muerte, y parte de su espíritu y su poder saturaba su corona, permitiéndole seguir en contacto con el mundo de los vivos. Aunque tardaría siglos, Szarekh volvería, y al hacerlo, lo haría de la forma más espectacularmente horrible. Tras un accidente de unos exploradores piltovianos. Estos habían encontrado su garra y mediante el contacto con carne viva la Garra de Szarekh se sujeto a uno de estos incursionistas desgastando su alma y regresandolo a la vida al poderoso nigromante. Ahora Szarekh pretende levantar su imperio olvidado, y conoce sobre los rivales que tiene en la actualidad. Y el mas mayor de ellos es Mordekaiser. Quien a eregido su imperio en el reyno de la muerte. Reyno que Szarekh habia edificado y que en la perspectiva del nigromante es solo un necio que poco conoce sobre los secretos del reino de la muerte. Sabe que su primer objetivo es erradicar al Rey Brujo del Tablero. Para luego retornar al mundo Terrenal. ---------------------------------------- **HABILIDADES:** **Pasiva(Tormento): **La presencia de Szarekh aterroriza a los enemigos cercanos, reduciendo su armadura, duracion del miedo solo 2 segundos. **Primera, Nosferthu:** Otorga a Szarekh el poder de devastar regiones en frente de él a distancias que varían. **Segunda, Necromastery: **La espada de Szarekh mata a una unidad, y guarda el alma desafortunada dentro de él. Por cada alma guardada gana una bonificación de 2 de daño hasta que su propia muerte libere la mitad de las almas de su esclavitud. **Tercera, Señor del Mal:** Somete a una unidad en un sueño profundo lleno de horribles pesadillas. La unidad objetivo recibe 20 de daño por segundo. Si el objetivo es atacado, la unidad atacante estará bajo los efectos del rey silente. **Ultima, Requiem de almas:**Convoca espíritus malignos alrededor de Szarekh ocasionando daño a las unidades enemigas en el área. El número de espíritus está asociado con el número de almas guardadas por la segunda habilidad de Szarekh. Disminuye la velocidad de movimiento y el daño de las unidades enemigas cercanas. Cuanto más cerca estén las unidades, más daño recibirán.
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