Relato del Freljord: LA LEYENDA DEL REY LOBO/ PARTE III

"Soy el Rey Lobo niña, soy el berkut, el que recorre los territorios. Soy el espíritu del invierno y la ruina, aquel al que no se puede atrapar, soy el verdugo y el rugido. He viajado más lejos que tu, Ashe a lugares donde ni el ojo de las tres legendarias matriarcas podría alcanzar. Mate a un dios del vació, fui criado por lobos, y mi voluntad sera lo ultimo que veras. Pues soy el avatar de la guerra. Soy el verdugo del Freljord, hija del hielo. Y ni tu, ni Tryndamere, ni nadie puede quitarme eso. Pues soy Vulvain, Garra Implacable y tu solo eres una simple hija del hielo. Recuerdalo" — Vulvain, garra implacable, conversando con Ashe durante la campaña con las Tribus Olvidadas. ------------------ Entonces había llegado el séptimo día de aquella tortuosa semana. Aquel día se habían reunido 300 hombres y mujeres para la gran incursión en los tempanos de hielo. La sucesora de la matriarca Gnauril, la futura matriarca Thenglir estaba decidida a mostrar su valía en la batalla que decidiría el destinó de toda la tribu. Thenglir lo sabía, sus seguidores lo sabían. Habían planeado aquel ataque desde hace mucho tiempo y a pesar de todo la duda y el miedo les roía las entrañas. --- Quiero que los berserker vallan en el flanco derecho, las valkir vendrán conmigo en la línea frontal, y quiero que los arqueros estén preparados y con las flechas listas. No quiero fallos. Quiero que todos unten sus armas con veneno. Justo en aquella ocasión se había hecho mención a las temibles Valkir: terribles guerreras que habían sido el brazo armado más fuerte en la tribu, cada una de aquellas mujeres equivalían 10 veces al más fornido berserker de todo el norte helado. La razón por la que los berserker de la garra implacable no habían prevalecido al ataque lobuno era por una sencilla razón, las Valkir no habían estado presentes. Aquellas mujeres tenían una experiencia en el combate cuerpo a cuerpo, aparte de eso, disponían de una agilidad y habilidad impertérritas con el hacha espada o lanza, y aquellas características en su estilo de lucha las volvían guerreras temibles en el arte del combate cuerpo a cuerpo; eran hábiles, rápidas y sus espadas hechas de hueso podían atravesar la corteza de un árbol con demasiada facilidad. Cuando la sucesora de la matriarca Gnauril observo a las Valkir, supo que en esta ocasión las cosas serían diferentes. Las Valkir solo tenían que distraer a los lobos gigantes, mientras el resto de la comitiva les caerían por el flanco izquierdo y derecho. Pronto los lobos gigantes conocerían lo temible que podía llegar a ser la Garra Implacable. Entonces una presencia oblitero todo lo demás. Como un fantasma, como un espectro de onirico la matriarca Gnauril se hizo presente. Thenglir apreto los puños, pues sabia que Gnauril podía cambiar de opinion y cambiar los planes de una inminente cacería a una de guarnición y ella temía eso, lo temía y sabia que Gnauril podía hacer eso, y mas. _"Ahora que pretende esta anciana"._ Penso apretando los dientes mientras observaba como su madre se desplazaba entre los guerreros ahi reunidos. Los guerreros ahí reunidos se arrodillaron cuando Gnauril, la matriarca anciana apareció derrepente. Todos los jurasangre, los berserker, los hijos de la tormenta, y la misma Thenglir se hincharon de rodillas. --- Hijos míos. No tienen que inclinarse delante mío, y no deben hincar la rodilla ante nadie, ni ante nada, son hijos del gran padre, son hijos de la garra. ---La matriarca de rostro afable sonrió,-- que está cacería sea un nuevo comienzo y que su eventualidad marque un nuevo rumbo en nuestro camino..... Así pues, hijos del lobo. Cazad, y que el Rey lobo os enseñe la lección más valiosa que nunca nadie en el Freljord os podrá enseñar. Por un instante la matriarca permaneció en silencio, se había quedado quieta he inmóvil como una estatua. Gnauril ya no participaba en las batallas, ya no luchaba a mano armada. Y sin embargo, sus palabras siempre daban aliento en el momento más inesperado. Pero nadie, absolutamente nadie, pudo prever las siguientes palabras que la anciana Gnauril pronunciaría. --- Hoy he presenciado el futuro de nuestra tribu. Y es un futuro lleno de esperanza y cambio. Es un futuro apartado del dolor, apartado del sufrimiento, pero también es un futuro lleno de obstáculos y dolor. Veo ante a mí a grandes guerreras. --- Se movió y señaló a las Valkir, estás a su ves asintieron y soltaron vitores. Gnauril asintió--- Veo ante mi a miss más leales jurasangre.--- Los jurasangre de Gnauril se irguieron altos como estatuas y la matriarca les asintió. Entonces se dirigió hacia su hija y Thenglir tubo la sensación de que su madre le miraba el alma, como si un lobo le atravesara con los colmillos. --- Veo ante mí a una matriarca. Cuando Gnauril pronunció aquellas palabras el ambiente se silencio, incluso el viento ruidoso se apagó. Thenglir abrió mucho los ojos, parecía como si se le fueran a salir de las cuencas. _"¿Que?"_ Penso Thenglir con absoluto desconcierto. ---Hoy abandono mi puesto como matriarca.--- Gnauril se quitó el amuleto del lobo que siempre tenía colgado en el cuello y se lo coloco a su hija.--- Pido al espíritu del gran Rey Lobo que guíe tus pasos hija mía, pido al olvidado Rey lobo que guíe tu mente y tu espíritu, pido a mi ancestro que guíe a esta tribu a sus miembros. Pero sobre todo os pido a todos ustedes que aprendan a ver, así como yo vi.--- Gnauril se acercó más a su hija, la tomo por los hombros, la irguió cuan alta era, y la besó en la frente. Fue un beso que solo una madre puede ofrecer a su hija o hijo, un beso de una ternura infinitas, para Thenglir todo se detuvo, debería haber sentido vergüenza en ese momento, pero en ese instante sintió amor. Amor por la familia, amor por su madre; fue algo extraño incluso para ella que no estaba acostumbrada a tales usos, pero a pesar de todo fue algo hermoso.--- Hoy te entregó el legado de la madre de mí madre, hoy te entregó el legado de mi madre, la gran Aesith, hoy te entregó el legado de mi tribu, que los dioses anteriores al Freljord guíen tu caminó, matriarca Thenglir. ¡Todos aclamad a nuestra nueva monarca! Uno de los jura sangre se había se hecho un corte en la palma de las manos y levantó el puño en lo alto mientras vitoreaba el nombre de Thenglir. --- ¡Larga vida a la matriarca!--- Rugió una Valkir, la guerrera alzó su hacha de hueso a los cielos blanquecinos. --- ¡Larga vida¡--- Repitió el resto, en un rugido que estremeció el suelo bajo sus pies. Aquella decisión había sido tan inesperada, como sorpresiva. Pero nadie había puesto en duda la voluntad de la anterior matriarca, nadie había dudado de su decisión, absolutamente nadie. Aunque en su fuero interno, Thenglir dudada. Gnauril siempre se había mostrado remisa a entregar su puesto a tal punto que Thenglir siempre pensó que la anciana le cedería su puesto a otra mujer. Quizá con el propósito de contrariar a Thenglir, pero no fue así, por muy extraño que pareciera la anterior matriarca había cedido su tan preciado puesto a ella y nada mas que a ella. Se irguió aun mas cuando Gnuaril se paro frente a ella y se acerco lo mas que pudo a su hija. Por un extraño momento Thernglir sintió un escalofrió en la espalda y luego su madre pronuncio sus ultimas palabras. --- Recuerda, deja con vida al joven lobo. Recuerda nuestra conversación de hace 7 días. Recuerda las leyendas de tu infancia y la historia del Retorno, y sobre todo hija mía...... Recuerda este día. Thenglir se quedo callada, con el ceño fruncido y con los recuerdos de las leyendas del Rey Lobo y sus grandes hazañas. Recordó sobre todo una historia que su madre le había contado de niña, una historia curiosa que involucraba a Serylda. Se decía que la legendaria matriarca había borrado las historias del Rey Lobo, y había exterminado a los sacerdotes del lobo, pero eso había sucedido hace muchos eones, se decía Avarosa habia hecho lo mismo con las leyendas del Rey Dios y las profecias de su retorno y lo mismo había sucedido con la reina de hielo, quien había borrado las historias del retorno de los tres reyes y sus profecías. Ninguna tribu, de hecho nadie, absolutamente nadie, conocía esas historias de los tres padres y mucho menos la historia del Rey Lobo, excepto la Garra Invernal. Su madre le había contado en una ocasión que el había sido el Rey Lobo quien había salvado a una parte de su tribu a quienes había denominado Garra Implacable, debido a su aspecto guerrero e inquebrantable. Tenglir Nunca supo que había pasado con el rey lobo, pero su madre nunca le había contado el resto de aquella trágica historia, y ella siempre se había quedado con la intriga. Por algún motivo aquella historia calo en su mente y se pregunto que había sido de aquel triste relato. Volvió en si y, mirando a su madre asintió, pero dejo en claro sus ultimas palabras. --- Ya te lo dije, madre. Eso, lo decidiré yo. Y mientras Thenglir asentía en señal de respeto, se dio la vuelta. --- Eso ya lo se. --- Dijo Gnauril con una sonrisa.
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