Relato del Freljord: LA LEYENDA DEL REY LOBO/ PARTE XII

Despertó, está ves por segunda vez. Como en el principio, sus sentidos agudos se abrieron de improviso, lo primero que sintió fue la calidez de la cama, luego empezó a captar otra calidez; era la calidez propia de una persona, empezó a sentir un hundido en la parte derecha de la cama en la que había sido colocado y entonces olfateo, curioso, sospechoso. ¿Quien estaba con el? Escuchaba con perfección los sonidos de una exhalación. Luego alguien se removió de su cama, el un poco asustado se movió haciéndose para atrás. Entonces visualizo un pelo de color rojizo, un rostro lleno de pecas color marrón. Era la ella, la niña que había atacado. El joven lobo gruño nuevamente dando a relucir unos dientes filosos, volvió a gruñir, pero esta vez no se dispuso a atacar, pero en su fuero interno si que quería. Luego una voz lo sorprendió: ---- Ya veo que despertaste.---- Dijo la curandera, mientras le llevaba una tentadora porción de carne. El joven salvaje sorprendido por aquella repentina aparición se volteo para observar a su nueva captora, la mujer debía tener sus 35 de edad pero parecía de 25. Bueno, para ser precisos, el joven no sabia nada de edades, pero podía identificar cuando una carne era joven y otra vieja, sobre todo por el olor de la piel, cuando una persona tenia la carne joven esta emanaba un aroma suave y delicioso, pero cuando alguien ya era mayor este aroma podía llegar a ser amargo. Era lo mismo cuando probaba la carne, pero lo como sea, aquella mujer en su delante lo había sorprendido, el joven lobo con evidentes muestras de desasosiego miro primo la carne y luego a ella. Era evidente que el joven lobo estaba sopesando sus acciones, el salvaje estaba entre lanzarse a por el cuello de Eyra o arrebatarle aquella carne. Al final escogió la carne. Con un movimiento rápido y feroz le arrebato la carne y con una brusquedad y voracidad inhumanas empezó a devorar. La curandera sonrió haciendo un asentimiento. ---- Buen perro.---- Dijo. El joven lobo la miro, con cierto aire de ironía y pudo captar un gesto burlón en los ojos de la mujer. Sin embargo, no pudo entender lo que decía, así que lo dejo pasar y se concentro en la carne que tenia delante. ---- ¿Y bien? ¿ya no sientes mareos? El joven lobo la miro y gruño. Era evidente que aquel joven salvaje no entendía nada, solo sabia decir: "Te matare o te haré pedazos". Quizá aquellas palabras las había escuchado de otra persona y se les había quedado grabadas. Así que Thenglir rió. ---- Pero que tonta, que hago hablando con alguien que ni sabe pronunciar bien una oración..... Sin embargo, creo que puedo corregir eso.---- Eyra dio una palmada y su hija, Hellie, despertó.---- Tu arriba, que no tengo tiempo para tus frecuentes desmayos, tienes trabajo que hacer. Ademas, tienes que ayudarme con los preparados, infusiones y lo demás. ----- Mama es muy temprano.--- Se quejo su hija La niña que había estado dormida al lado del joven lobo se desperezo y emitió un bostezo que fue cortado de inmediato cuando se percato de que a su lado estaba aquel chico salvaje que lo había atacado. Hellie de improviso se puso pálida, y se movió despacio de su cama. Eyra, quien era muy cuidadosa le hizo una seña a su hija para que se moviera con lentitud, su hija asintió con los ojos muy abiertos, por primera ves se movió con tremenda lentitud mientras el joven salvaje la veía con cautela. El joven parecía entre soltar la carne o quedarse mirando a Hellie, la niña con evidente muestras de desesperación empezó a sudar por el nerviosismo, ella sabia que aquel chico podía moverse con una velocidad atroz y atraparla entre sus fauces o boca o lo que sea; la niña se movió despacio dando un arrastre por segundo, cada movimiento era calculado y cuidadoso, al fin llego al borde de la cama y bajo los pies despacio, se movió suavemente mientras que de reojo no dejaba de mirar al joven salvaje que a su vez la miraba y gruñía. Al final se dejo tropezar con un cierto aire de brusquedad, y allí tirada se puso sus zapatos con un cierta rapidez y luego se levanto lentamente. Ya parada empezó a percatase que el chico salvaje le había dejado de hacer caso y seguía en su empezó de mordisquear el hueso que su madre le había entregado. ---- ¡No te quedes ahí parada, muévete!---- Exclamo Eyra. Hellie asintió y corrió hacia su pequeña sala de estudio, donde habían varias plantas: Muerdago, valeriana, sifax y algunas raíces venenosas como la raíz de pantano. Era muy evidente que Hellie estaba un poco exasperada por la repentina sorpresa de estar al lado del que había sido casi su asesino, la niña demasiado asustada para contestar, demasiado conmocionada. Sin embargo, a Eyra le divirtió aquello, claro, sabia que lo que había ocurrido hace unos momentos era peligroso, pero tras haber pasado la tensión sonrió, casi quería reírse por la cara exasperada y sorpresiva de su hija, pero se contuvo. Luego de un par de segundos el joven salvaje soltó su hueso rendido y estuvo apunto de echarse a dormir, pero Eyra le negó la oportunidad. Con un movimiento de una vara de madera que tenia en las manos le aplico un golpe en la cabeza; joven salvaje cerro los ojos por el leve dolor y a su vez le respondió con un gruñido, como queriendo decirle: _"A que a ha venido todo aquello"._ ----Tu no dormirás hasta que terminemos con el trabajo, me ayudaras en algo. Tengo pensado algo para ti y creo que me seras de utilidad. ¿Podrás? ¿Después de todo la comida no es gratis? Ademas, ya me hacia falta la mano de un hombre para esto, sobre todo para la clase de trabajo que haremos. El joven lobo la miro con desconcierto y luego hizo un sonido entre aullido y piafido extraño, que se escucho como un: "Abuaguasaera". Eyra la miro extrañada y alzo una ceja, y con una sonrisa que mostraba a todas luces su desconcierto se echo a reír abiertamente. --- No entiendo que es lo que has dicho, pero me pareció gracioso.---- Eyra se levanto y tomo un hacha que se encontraba debajo de su cama y se encamino hacia el exterior. Entonces con una rapidez indómita el joven lobo se puso en guardia mirando el hacha y luego a la mujer, pero Eyra no le hizo caso. En ves de fijarse en el joven lobo y su gruñido que poco a poco empezaba a transformarse y eclipsar a un rugido de cólera, la curandera se dedico a dirigirse hacia la puerta y abrirla con suavidad. De inmediato la cólera del joven salvaje eclipso a un bufido muy extraño que parecía de puro desconcierto. ---- ¿Pensaste que iba a atacarte a traición?---- La curandera se echo a reír.---- No soy lo que tu piensas, ven, me ayudaras a cortar unos cuantos arboles para la leña. El joven salvaje emitió un sonido muy parecido al aullido de desconcierto de un perro cuando ve algo raro: primero miro el hacha, luego a Eyra y al final el bosque que se cernía en su delante, a los arboles, al aire libre. ---- Uh.... Ejlk Boogsque---- Pronuncio. ---- Si el bosque. ---- Le...... leee lleeelelele leña. ---- Si recogeremos leña.----. Asintió Eyra. El joven lobo se levanto aunque su modo de caminar en dos patas era de un modo anormal, extraño podría decirse que usaba la parte frontal de sus pies para caminar, como aquellos wulfen que caminaba a dos patas pero que parecían bestias cazadoras de hombres. _"Tendré que corregir eso"_.Pensó ---- Bueno vamos. El joven lobo asintió y así el destino se marco. Sin sospecharlo, estos serian sus primeros pasos para volverse en un hombre y también para conocer su verdadero destino, sin saberlo el joven lobo estaba entrando en la senda del humano. Una senda que si bien le traería felicidad, también le encaminaría a la senda del dolor. Pronto el joven lobo conocería el sentimiento de la perdida, por segunda vez.
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