Relato del Freljord: LA LEYENDA DEL REY LOBO/ Parte XXI

Escucho el sonido de gritos de batalla, de espadas entrechocando, de hachas impactando. En medio de esos sonidos escucho el rugido de batalla de una mujer que daba órdenes a un grupo de mujeres. Vulvain se las quedó mirando por un instante. Estaba entre sorprendido y atraído. Hasta que la voz de Gnauril lo hizo reaccionar de su sopor. Vulvain se volteo, pero antes de hacerlo observó que una de aquéllas mujeres lo veía. No había recelo en su mirada, pero si un cierto aire de incomodidad. La mujer le hizo un gesto de asentimiento y luego siguió en lo suyo. Gnauril que ya se había aproximado a él, le palmeaba el hombro para que el joven avanzará. Vulvain dirigió su mirada a ella y luego volvió a mirar la zona de adiestramiento de las mujeres. --- No te quedes ahí mirando. Además, tu adiestramiento no será con ellas. Tú tendrás un entrenamiento diferente. Vulvain frunció en entrecejo. --- ¿Hay dos ramas de adiestramiento aquí en la tribu?--- Gnauril miro de reojo a Vulvain, esperando alguna reacción, no hubo reacción o si la hubo, pero no fue una reacción de desconcierto, sino de curiosidad. La anciana se percató de esto y asintió.--- Vaya veo que te interesa. ¿Quieres que te dé una pequeña ilustración? Vulvain asintió, mientras daban vuelta a una esquina y atravesaban una casa hecha de paja, madera y con una base fuerte de piedra. --- Me in.... interesa ambas ramas. Gnauril sonrió. --- Bueno, si hay dos ramas de adiestramiento, pero la de más preeminencia son las de las Valkir, siempre van al lado de la matriarca, y ademas son los ojos y oídos de esta, tanto en el campo de batalla, como fuera del campo. Los segundos, son los Aloah o berserker, van siempre después de las Valkir, pero solo en casos extremos. Y bueno, hay un tercero que son los insubres. Tú estarás con los terceros. Lo que tienes que aprender a dominar son tus emociones, y bueno.... Eyra me informado que aveces sueles tener estallidos de rabia de manera repentina y primero deberías aprender a controlar eso, no digo que este mal, pero en una batalla..... Bueno, podrías terminar matando a tus hermanos de armás en la locura ciega de la guerra. Y yo siempre digo que un guerrero debe aprender a controlar su rabia. Vulvain lo reconoció. Era cierto, habían ocasiones en las que el instinto lo dominaba y se dejaba llevar por una furia ciega. eso era lo que le enseñarían, le enseñarian a dominar sus emociones. ---Bueno ya llegamos.--- Dijo Gnauril con un gesto. Vulvain desvió la mirada de Gnauril y se fijó en el cuadro de entrenamiento. Habían dos chicos en este, dos jóvenes de quizá 17 o 18 años que estaban enfrentándose. El joven simplemente se los quedó mirando entre asombrado e interesado. El primero tenía una espada corta de seccionar y el segundo un hacha, igual de corta. Ambos luchaban con velocidad, atacando, retrocediendo y evadiendo los ataques que podían herirlos, matarlos o mucho peor. Herirlos de muerte. Claro las espadas o hachas no eran reales, pero el joven lobo empezó a darse cuenta que aquellos jóvenes luchaban como si aquellas armas de madera lo fueran de verdad. Vulvain empezó a captar la forma de atacar del joven que tenía el hacha de madera era de asesinar, derribar: el joven trataba de desarmar a su oponente con golpes rápidos y precisos mientras que el otro solo evadía esquivaba y desviaba los ataques cuando la oportunidad se lo permitían. Al final de la contienda el joven de la espada evadió con rapidez el lance lateral del hacha de su rival, pero el otro joven llevaba un cuchillo corto en un macuto oculto justo en la cintura, el joven cuyo nombre descubrió que era Erickson maniobro la trayectoria de la cuchilla de madera y desplazo la cuchilla de madera en el cuello de su otro rival. El otro joven intento reaccionar, pero no tuvo tiempo, y como si aquel cuchillo de madera fuera real lo impacto contra el cuello de su oponente. La contienda había terminado. El maestro de armas levantó la mano y luego mirando al resto de los ahí reunidos reconoció a la figura del joven lobo. Lo único que pudo hacer fue fruncir el entrecejo y escudriñarlo con la mirada. Luego miro a Gnauril y hecho un resoplido de resignación. --- Muy bien... Muy bien. Está ves lo hicieron bien, los dos.... Pero, lanzarse de ese modo tan evidente para sacar un cuchillo.... Bueno, no digo que está mal, pero recuerda que Utrikson está aprendiendo a valerse con una espada y manejar una espada es diferente que manejar un cuchillo o un hacha. Alguien con más experiencia hubiera reaccionado con más rapidez y no lo digo para disminuir tu valía, Erickson. Lo digo para que en una próxima, que habrá una próxima.--- Y al decir esto miro al joven recién llegado.--- Seas más cauto. Bueno, muchachos es momento de un descanso, pero solo cinco minutos. Yo tengo un asunto que debo atender. Y nada más decir aquellas últimas palabras el túmulo de jóvenes de entre 17 y 18 años empezó a moverse en desbandada: algunos corriendo hacia la sus reservas de agua, y otros a sentarse solos a meditar por lo ocurrido. Sin embargo, Erickson, el más popular de la clase se reunió junto a un cumulo de personas que si bien no se acercaron a saludarle si que se acercaron a ovacionarle y felicitarle. Vulvain lo vio, y le pareció que aquel joven hablaba con una altanería más allá de lo evidente. En ocasiones le pareció mofarse de su hermano pequeño. Quién como un perdedor solo agachaba la cabeza soportando los abucheos del resto de los ahí presentes. Sin embargo, su hermano se adelantó para defenderlo. De improvisó, Vulvain noto que..... Apesar de todo, no le caía tan mal aquel individuo. Y sin embargo, sentía cierta reticencia ha acercarse al resto. De improviso sintió que alguien se le acercaba por la espalda, así que seguido de un instinto finísimo, producto de una anterior vida en los salvajes bosques de Freljord, se dio la vuelta con agresividad. De pronto se percató que quien se le acercaba era el maestro de armas, Harald. --- Veo.--- Empezó Harald con una voz gruesa---, que has estado ahí parado por buen tiempo. Vulvain no contesto, sin embargo, lo miro con cierta cautela. --- Bueno, como sea. Gnauril me a indicado que te adiestre. Pero, pose que has estado observando el combate entres aquellos dos.--- Y al decir esto Harald miro a Erickson y su hermano menor Utrikson.--- ¿Dime, qué opinas? ¿Que destrezas y que debilidades puedes sacar de esios dos? Vulvain espero unos minutos antes de contestar. --- Erickson es ágil, pero.... Harald alzo el ceño derecho cruzándose de brazos. ---¿Pero? --- Pero es demasiado confiado, y el exceso de confianza puede ser una horrenda enemiga. En cuanto a Utrikson...--- Vulvain se detuvo a pensar.--- Bueno, él..... El es prudente al atacar, pero carece de confianza para atacar primero. Ya sabe que aquel que ataca primero es el primero en morder mas fuerte. Harald se sonrió, pero de manera extraña. Alzó un ceño, poco convencido. --- Eso.... Suena, un poco o algo contradictorio. ¿No lo crees? Me refiero a lo primero que dijiste. Vulvain alzo los hombros. --- Supogo que uno carece de prudencia para el combate y el otro de confianza para prevalecer en el combate. Sobre todo para golpear primero. Harald no dijo nada. Sin embargo, al final solo le limitó a asentir he intercambiar unas últimas palabras. --- Bien.... Por ahora solo te dedicaras a observar, quiero que analices los combates, quiero que me digas en qué están fallando mis muchachos. Cuando llegue el momento. Que llegara, te haré luchar, pero por ahora quiero que te dediques a observar. Me acabo de dar cuenta que tienes un don. Un don poco excepcional, pero quizá necesario para tu futuro. Sin embargo,--- Harald se dio la vuelta mirando al túmulo de muchachos que se congregaban en pequeños grupos, --- una cosa no puede esperar. Voy a presentarte como el nuevo miembro de nuestra turma, quizá algo nos quieran molestar, pero creo que al imponer tu posición..... Te dejarán de molestar. Vulvain asintió. --- Comprendo. Harald asintió. --- Bien.... Solo faltan 3 minutos. Así que, atento. ¿Esta bien? Vulvain asintió. --- Por cierto. ¿Cuál es tu nombre? ¿Por si te han dado uno? ---Vulvain, señor. Vulvain. Harald no se sorprendió, pero sintió una aprensión extraña. Una corazonada. Ese era el nombre del anterior rey lobo, el héroe mitológico de las historias de la tribu. _"Que extraña coincidencia"_. Fue lo único que pensó. Y con aquel pensamiento se retiro para reunir a todos sus aprendices.
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